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El nacimiento de Buda siempre ha estado reflejado en textos de una manera poética y maravillosa. Hijo del rey Shuddodana, fue concebido en el vientre de la reina Maya durante el sueño por un pequeño elefante blanco. Sin causarle ningún sufrimiento a su madre, Buda llegó al mundo en un bosque tranquilo, lleno de flores y manantiales. Nació con cuarenta dientes y al nacer dijo: "Soy el señor del mundo". Al nacer conocía 74 alfabetos y tenía más de ochenta señales físicas distintivas del futuro Buda. Esta es una de las leyendas sobre su nacimiento.
El rey Shuddodana (padre de Sidharta) fue informado que si quería evitar que su hijo lo abandonase, debía aislarlo e impedirle ver el sufrimiento del mundo. Pero Sidharta tenía que ser educado para gobernar, por lo cual fue muy difícil seguir esa recomendación. Un día Sidharta, acompañado por su escudero-cochero, dio cuatro paseos sucesivos. En el primero vió a un viejo arrugado, torcido y apoyado en su bastón.
Pero, en el cuarto paseo, se encontró con un hombre exageradamente flaco, desnudo, que sólo tenía un tazón para las limosnas, y que pesar de ello, tenía la mirada serena de un vencedor. Era un monje asceta, un hombre que había vencido el dolor, la muerte y la angustia por la búsqueda del Atman (yo), algo que le había puesto en contacto con el mar eterno del ser que fluye de las apariencias ilusorias.
Rompió los vínculos de las ilusiones; buscaba ahora la certeza y el absoluto que le darían sentido a la vida.
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