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Alojamiento en India

LEYENDAS Y CUENTOS
DE LA INDIA

CONCEPTOS EN LOS CUENTOS
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HASTA CUANDO DORMIDO

Era un pueblo de la India cerca de una ruta principal de comerciantes y viajeros. Acertaba a pasar mucha gente por la localidad. Pero el pueblo se había hecho célebre por un suceso insólito: había un hombre que llevaba ininterrumpidamente dormido más de un cuarto de siglo. Nadie conocía la razón. ¡Qué extraño suceso! La gente que pasaba por el pueblo siempre se detenía a contemplar al durmiente.

-¿Pero a qué se debe este fenómeno? -se preguntaban los visitantes.

En las cercanías de la localidad vivía un eremita. Era un hombre huraño, que pasaba el día en profunda contemplación y no quería ser molestado. Pero había adquirido fama de saber leer los pensamientos ajenos. El alcalde mismo fue a visitarlo y le rogó que fuera a ver al durmiente por si lograba saber la causa de tan largo y profundo sueño.

El eremita era muy noble y, a pesar de su aparente adustez, se prestó a tratar de colaborar en el esclarecimiento del hecho. Fue al pueblo y se sentó junto al durmiente. Se concentró profundamente y empezó a conducir su mente hacia las regiones clarividentes de la consciencia. Introdujo su energía mental en el cerebro del durmiente y se conectó con él. Minutos después, el eremita volvía a su estado ordinario de consciencia. Todo el pueblo se había reunido para escucharlo. Con voz pausada, explicó:

-Amigos. He llegado, sí, hasta la concavidad central del cerebro de este hombre que lleva más de un cuarto de siglo durmiendo. También he penetrado en el tabernáculo de su corazón. He buscado la causa. Y, para satisfacción de ustedes, debo decirles que la he hallado. Este hombre sueña de continuo que está despierto; por tanto, no se propone despertar.


EL HOMBRE ECUÁNIME

Era un hombre querido por todos.

Vivía en un pueblo en el interior de la India, había enviudado y tenía un hijo. Poseía un caballo, y un día, al despertarse por la mañana y acudir al establo para dar de comer al animal, comprobó que se había escapado. La noticia corrió por el pueblo y vinieron a verlo los vecinos para decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Poseías un caballo y se ha marchado.

-Sí, sí, así es; se ha marchado -dijo el hombre.

Transcurrieron unos días, y una soleada mañana, cuando el hombre salía de su casa, se encontró con que en la puerta no sólo estaba su caballo, sino que había traído otro con él. Vinieron a verlo los vecinos y le dijeron:

-¡Qué buena suerte la tuya! No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora tienes dos.

-Sí, sí, así es -dijo el hombre.

Al disponer de dos caballos, ahora podía salir a montar con su hijo. A menudo padre e hijo galopaban uno junto al otro. Pero he aquí que un día el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Cuando los vecinos vinieron a ver al hombre, comentaron:

-¡Qué mala suerte, verdadera mala suerte! Si no hubiera venido ese segundo caballo, tu hijo estaría bien.

-Sí, sí, así es -dijo el hombre tranquilamente.

Pasaron un par de semanas. Estalló la guerra.

Todos los jóvenes del pueblo fueron movilizados, menos el muchacho que tenía la pierna fracturada. Los vecinos vinieron a visitar al hombre, y exclamaron:

-¡Qué buena suerte la tuya! Tu hijo se ha librado de la guerra.

-Sí, sí, así es -repuso serenamente el hombre ecuánime.

 

 

EL FALSO MAESTRO

 

Era un renombrado maestro; uno de esos maestros que corren tras la fama y gustan de acumular más y más discípulos. En una descomunal carpa, reunió a varios cientos de discípulos y seguidores. Se irguió sobre sí mismo, impostó la voz y dijo:

-Amados míos, escuchen la voz del que sabe.

Se hizo un gran silencio. Hubiera podido escucharse el vuelo precipitado de un mosquito.

-Nunca deben relacionarse con la mujer de otro; nunca. Tampoco deben jamás beber alcohol, ni alimentarse con carne.

Uno de los asistentes se atrevió a preguntar:

-El otro día, ¿no eras tú el que estabas abrazado a la esposa de Jai?

-Sí, yo era -repuso el maestro.

Entonces, otro oyente preguntó:

-¿No te vi a ti el otro anochecer bebiendo en la taberna?

-Ése era yo -contestó el maestro.

Un tercer hombre interrogó al maestro:

-¿No eras tú el que el otro día comías carne en el mercado?

-Efectivamente -afirmó el maestro. En ese momento todos los asistentes se sintieron indignados y comenzaron a protestar.

-Entonces, ¿por qué nos pides a nosotros que no hagamos lo que tú haces?

Y el falso maestro repuso:

-Porque yo enseño, pero no practico.

 


INDICE DE CUENTOS Y LEYENDAS

Leyenda de los cuatro encuentros
Como el hijo del Raja consiguió a la princesa Labam
La tortuga parlanchina
El anillo mágico

Como los hijos malvados fueron engañados
Actitud de renuncia - Soy tú
Ni tu ni yo somos los mismos - Lo esencial y lo trivial - El cooli de Calcuta
Cómo el padre se casó con la hija y cómo el hijo se casó con la madre
Ansia - El barquero inculto
El eremita astuto - El pez y la tortuga - La elocuencia del silencio
El hijo de las siete reinas
La llave de la felicidad - Pureza de corazón - Un preso singular
La naturaleza de la mente - El incrédulo - El contrabandista

Un yogui al borde del camino - El liberado-viviente y el buscador - Una broma del maestro
El guru falaz - La verdad... ¿es la verdad? - Pleito a la luz
Hasta cuando dormido - El hombre ecuánime - El falso maestro
Se como un muerto - El perro aterrado y la percepcion erronea - El viajero sediento
La paloma y el cuervo
El conductor borracho - El atolladero - El Brahmin astuto
La impertubabilidad del Buda - Una caña de bambú para el más tonto - Una insensata búsqueda
La grulla burlada
Los Brahmanes y el leon - La rueda del tiempo - El mantra secreto
Las Doce Hermanas

Un puñado de rupias por un consejo
El pobre y el rey de oro - La paloma y la rosa - Lealtad
Cuento de las dos vasijas - El loro que pide libertad
De instante en instante - Cada hombre una doctrina - Doce años después
Si dañas, me dañas - Sólo se necesita miedo
¿Avisarías a los personajes de tus sueños? - Un santuario muy especial
El asceta y la prostituta - Las dos ranas
Hilo de plata, hilo de araña - Las pescadoras
Como el sol, la luna y el viento salieron a cenar - El tigre que balaba
La niña acróbata - La advertencia - Un ermitaño en la corte
Una lección para un rey
El puchero roto

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