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Hace unos meses, en Rajastán, una multitud de personas pretendían que una mujer se arrojara al fuego donde yacía su marido pudiendo así arder juntos, tal y como dice la tradición hindú del sati.
Según propuestas anunciadas este mes, los culpables de provocar un sati tendrán que cumplir penas de entre tres y diez años de cárcel, y las multas establecidas alcanzarán hasta los 1000 euros. También se modificarán las medidas que castigan a las mujeres que practican esta costumbre y que sobreviven. Según ha dicho la principal promotora de esta ley, la ministra de la Mujer, Renuka Chowdhury, "Buscamos estos cambios en la ley porque cuando una mujer es cazada intentando suicidarse en la hoguera de su marido, casi toda la culpa recae sobre ella. Pero ellas son en realidad víctimas de sus aldeas, que deben responsabilizarse por estos actos". El periódico The Times of India señala que sólo habrá penas para estas mujeres si se comprueba que lo hizo de una manera voluntaria sin ser forzada a ello. Actualmente se consideran actos ilegales la adoración de lugares donde se ha cometido el "sati", la celebración allí de ritos, la promoción de estos actos así como sus festejos. Es normal que el sitio en el que se ha cometido este rito se convierta en lugar de peregrinación, que se depositen flores, velas, incienso, cocos, y otros elementos utilizados en celebraciones religiosas hindúes. La ONG Bandhua Mukti Morcha (BMM) realizó una exitosa campaña contra el sati cuando organizó una marcha desde Delhi hasta Deorala en Rajasthan, donde tuvo lugar un sati. Como resultado de esta protesta, el Parlamento Federal aprobó el "Sati Prevention Act " en 1987. En septiembre del año pasado una anciana de 95 años se lanzó a las llamas de la pira funeraria de su marido en una aldea de Madhya Pradesh. Sus cuatro hijos fueron acusados después de asesinato y metidos en prisión. Muy cerca de ahí y un mes antes, Janakrani, una viuda de 45 años, se quemó durante la noche con su esposo muerto Prem Narayam de 48 años, fallecido tras una larga enfermedad. La esposa se lanzó a la hoguera cuando estaba sola, por lo cual la policía no considera que sea exactamente un "sati", y admite la dificultad de demostrar si fue un suicidio voluntario, o si Janakrani fue forzada o amenazada psicológicamente por su familia política.
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