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Alojamiento en India

"LEYENDAS Y CUENTOS
DE LA INDIA
"

CONCEPTOS EN LOS CUENTOS
Bodhisatta
Brahman
Asceta
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Hacer Abluciones
Eremita
Filosofía Vedanta
Mantra
Gurú

EL GURU FALAZ

Las lluvias monzónicas habían llegado a la India. Era un día oscuro y llovía torrencialmente. Un discípulo corría para protegerse de la lluvia cuando lo vio su maestro y le increpó:

-Pero, ¿cómo te atreves a huir de la generosidad del Divino?, ¿por qué osas refugiarte del líquido celestial? Eres un aspirante espiritual y como tal deberías tener muy en cuenta que la lluvia es un precioso obsequio para toda la humanidad.

El discípulo no pudo por menos que sentirse profundamente avergonzado.

Comenzó a caminar muy lentamente, calándose hasta los huesos, hasta que al final llegó a su casa. Por culpa de la lluvia cogió un persistente resfriado.

Transcurrieron los días. Una mañana estaba el discípulo sentado en el balcón de su casa leyendo las escrituras. Levantó un momento los ojos y vio a su gurú corriendo tanto como sus piernas se lo permitían, a fin de llegar a algún lugar que lo protegiera de la lluvia.

-Maestro -le dijo-, ¿por qué huyes de las bendiciones divinas? ¿No eres tú ahora el que desprecias el obsequio divino? ¿Acaso no estás huyendo del agua celestial?

Y el gurú repuso:

-¡Oh, ignorante e insensato! ¿No tienes ojos para ver que lo que no quiero es profanarla con los pies?

LA VERDAD... ¿ES LA VERDAD?

El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver esta última interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.

Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.

-Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.

-He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.

-La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.

-A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?

-Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.

El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:

-De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.

El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.

El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: "Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada".

Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:

-¿Adónde vas?

-Voy camino de la horca para que puedan ahorcarme -repuso sereno el eremita.

El capitán aseveró:

-No lo creo.

-Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.

-Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.

-Así es -afirmó el ermitaño-.

Ahora usted sabe lo que es la verdad... ¡Su verdad!

 

 

PLEITO A LA LUZ


He aquí que un día la oscuridad se percató de que la luz cada vez le estaba robando mayor espacio y decidió entonces ponerle un pleito. Tiempo después, llegó el día marcado para el juicio. La luz se personó en la sala antes de que lo hiciera la oscuridad.

Llegaron los respectivos abogados y el juez. Transcurrió el tiempo, pero la oscuridad no se presentaba. Todos esperaron pacientemente, pero la oscuridad no aparecía. Finalmente, harto el juez y constatando que la parte demandante no acudía, falló a favor de la luz. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo era posible que la oscuridad hubiera puesto un pleito y no se hubiera presentado? Nadie salía de su asombro, aunque la explicación era sencilla: la oscuridad estaba fuera de la sala, pero no se atrevió a entrar porque sabía que sería en el acto disipada por la luz.

INDICE DE CUENTOS Y LEYENDAS

Leyenda de los cuatro encuentros
Como el hijo del Raja consiguió a la princesa Labam
La tortuga parlanchina
El anillo mágico

Como los hijos malvados fueron engañados
Actitud de renuncia - Soy tú
Ni tu ni yo somos los mismos - Lo esencial y lo trivial - El cooli de Calcuta
Cómo el padre se casó con la hija y cómo el hijo se casó con la madre
Ansia - El barquero inculto
El eremita astuto - El pez y la tortuga - La elocuencia del silencio
El hijo de las siete reinas
La llave de la felicidad - Pureza de corazón - Un preso singular
La naturaleza de la mente - El incrédulo - El contrabandista

Un yogui al borde del camino - El liberado-viviente y el buscador - Una broma del maestro
El guru falaz - La verdad... ¿es la verdad? - Pleito a la luz
Hasta cuando dormido - El hombre ecuánime - El falso maestro
Se como un muerto - El perro aterrado y la percepcion erronea - El viajero sediento
La paloma y el cuervo
El conductor borracho - El atolladero - El Brahmin astuto
La impertubabilidad del Buda - Una caña de bambú para el más tonto - Una insensata búsqueda
La grulla burlada
Los Brahmanes y el leon - La rueda del tiempo - El mantra secreto
Las Doce Hermanas

Un puñado de rupias por un consejo
El pobre y el rey de oro - La paloma y la rosa - Lealtad
Cuento de las dos vasijas - El loro que pide libertad
De instante en instante - Cada hombre una doctrina - Doce años después
Si dañas, me dañas - Sólo se necesita miedo
¿Avisarías a los personajes de tus sueños? - Un santuario muy especial
El asceta y la prostituta - Las dos ranas
Hilo de plata, hilo de araña - Las pescadoras
Como el sol, la luna y el viento salieron a cenar - El tigre que balaba
La niña acróbata - La advertencia - Un ermitaño en la corte
Una lección para un rey
El puchero roto

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