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Un eremita, anacoreta o ermitaño es una persona solitaria que huye de la compañía de los demás. La palabra eremita deriva del griego y significa desierto.
Originalmente el eremita era un monje que fijaba su misión en el cuidado y protección de una ermita dedicada a algún dios y, por lo general, en algún territorio despoblado y poco visitado. El retiro del eremita se consideraba parte de su vida espiritual.
Cuentas ciertas leyendas cristianas que algunos ermitaños o eremitas eran encerrados voluntariamente en una sala situada en lo alto de las ermitas.
Estas salas carecía de puertas o de algún otro media para entrar o salir, únicamente poseían una ventana pequeña por la que entraba algo de luz y por la cual la gente le subía comida y bebida utilizando una polea.
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El eremita era el nombre dado desde el siglo III al V a los cristianos que, ya para huir de las persecuciones, y para entregarse con toda libertad a la vida contemplativa y penitente, se refugiaban en los desiertos de Tebaida y comarcas vecinas, y se fue denominando así a todos los que se retiraron a lugares solitarios.
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